Candy Petite. La Hacedora de Milagros (General)
Esta tarde estuve durante cuatro horas con Candy Petite. Es lo mejor que me ha ocurrido en mucho tiempo. Asà que permÃtanme contarles.
Leà en este HHHH Foro cosas muy buenas de Candy Petite. El miércoles le llamé para pedirle informes y, muy atenta, me contestó por Juastap. Le di las gracias y me respondió gentilmente "de nada". Esto me llamó la atención muy favorablemente. Hoy podÃa escaparme de la chamba a eso de las 13:00, asà que le llamé. QuerÃa por lo menos dos horas, pues las referencias eran excelentes. Me contestó muy atenta y me dijo que estaba disponible. Asà que tomé el patas de hule y, proa al Villas Patriotismo. El puto tráfico chilango de viernes batÃa en pleno, asà que le mandé un Juats pidiéndole que me esperara. No me latÃa nada el recorrer la ruta en vano, o acabar con una chica diferente a la elegida. Me respondió que no me preocupara. ¡Uf!
Al fin llegué y me instalé. Inchi villas, 600 varos por el cuarto es excesivo. Pero ya estaba ahà con la libido a tope, asà que pagué y me metÃ. Llamé a Candy y le di el número de cuarto. Apenas me estaba preparando, cuando llegó. ¡Oh sorpresa, ni cinco minutos de espera! Y ¡vaya sorpresa agradable! Candy es preciosa. No lo podÃa creer. Un rostro de esos que solo se ven en las revistas o en el cine. Es Petite y delgadita. Digna de un cuadro renacentista. La vi y dije: "tres horas", no podÃa ser menos con esa belleza. Y ella me las concedió. Como venÃa sudado el viaje, me metÃa a bañar. ¡QuerÃa esta lo mejor posible para esa hermosura! Le dije que era mágica, pues en cuanto le habÃa llamado, las nubes se habÃan disipado y el sol habÃa salido. Y ella me contestó: "sÃ, hago milagros". Me dio mucha risa. Fue la primera probadita del ingenio de esta chica, que es realmente una hacedora de milagros.
Y sÃ, hace milagros. Además de ser muy bella, Candy es muy tierna. Hace que uno se sienta bien, muy bien. Me hizo sentir muy hombre. No muy macho, aclaro. Me sentà el hombre de una mujer hermosa. ¡Primer milagro! Tras romper el hielo, empezó la acción. Como yo venÃa de la regadera, estaba encuerado y Candy también se desnudó. Pechos pequeños, pero hermosos.Nalguitas pequeñas, pero paraditas. Y parada se me puso la pistola al verla. Nos besamos. Al principio de piquito. Candy es muy inteligente. No se atasca luego luego. Primero son besos de piquito. Y luego sube la intensidad al transcurrir de las caricias. Realmente como si fuera un ligue o una novia. Por lo tanto, cada minuto me sentÃa más a gusto. La bese en el cuello, mientras ella reÃa divertida. Besé sus senos de pezones pequeños, rosados y perfectos, que poco a poco fueron respondiendo. Pude notar que ella se iba acomodando conmigo. Luego ella me besó en el cuello y pecho. Y, poco a poco, acabó llegando hasta PiscuilÃn, quien aguardaba su momento ansiosamente. Amablemente me dijo que me lo mamaba sin, pero que no podÃa venirme en su boca. Yo le dije que no se preocupara, que yo tenÃa como norma respetar a mi compañera siempre.
Me la mamó como una diosa y la tuve que detener para no ir a violar el pacto de honor establecido. Luego nos besamos largamente. Es increÃble como prende un beso bien dado. Después me acosté boca arriba y le pedà que se sentara sobre mi cara. ¡Y a mamar puchita se ha dicho! Me entusiasmé, pues es una puchita limpia, de exquisito aroma, sabrosa de verdad. Asà que le di por un buen rato y creo que logré prenderla. Me colocó el condón, le puso un poco de gel de uva al látex y lenta y dulcemente me permitió introducirme en ella. ¡Gloria de glorias! Candy tiene una carita de ángel, con unos grandes ojos claros como de lince, finas facciones y bellÃsima sonrisa. Ver como esa cara angelical se transformaba al sentir mi piscuilÃn dentro de ella, fue maravilloso. Nos besamos largamente mientras mi pito se familiarizaba con su puchita. Y entonces, le ganó la pasión y empezó a moverse una manera que me produjo tanto placer que no me quedó más remedio que gritar como si yo fuera la mujer. Se inclinó hacia mi y sus paredes vaginales empezaron a frotar la punta de mi piscuilo de forma... Puta, no puedo describir cómo. Solo sé que, escuchando los gritos de ella, sintiendo la suavidad de su piel, y una sensación arrebatadoramente placentera en la pistola, disparé mi virilidad de una forma por demás deliciosa. Todas las expectativas fueron superadas. Tras la venida mutua (otro milagro), tomó el condón para evitar accidentes y gentilmente me sacó de su hermosura. Y luego, simplemente, sin aspavientos, se acurrucó en mis brazos, me miro y me sonrió. ¡Puede pedirse más! Nos quedamos asÃ, en plena ternura, y poco a poco comenzamos a charlar a medida que Ãbamos bajando del cielo a donde me habÃa llevado.
Siguió la conversación. Candy es sorprendente. Es una chica quien, a pesar de ser bella, bellÃsima, es sencilla. y además inteligente y divertida. Fue muy agradable conversar con ella. Asà nos fuimos conociendo, y las cosas se dieron muy bien. Tras un rato de sabrosa charla, de forma casi natural, comenzamos a besarnos. Besitos tiernos, besos de aproximación, besos amorosos, besos llenos de pasión y fuego. Tras explorar toda la gama de besos que se nos ocurrÃan, no quedó otra opción que hacer el amor. Ella fue por un condón (ni siquiera estábamos preparados, pues las cosas se dieron espontáneamente), me lo puso con tantito gel y entré en ella. No hubo sexo oral esta vez. No hizo falta. Vaya prendón que me otorgaron esos besos. Esta vez, lleno de ternura, me clavé en hacerla venir, en darle placer. Y todo parece indicar que el objetivo fue logrado. Me vine yo también, aunque con algo de trabajo, pues ya he acumulado algo de juventud y mi desempeño no es el de antaño.
Con todo esto, la charla que siguió al segundo palo ya era de amigos. Platicamos de mil y una cosas. Nos fuimos a la regadera charlando con toda familiaridad. Volvimos a la cama y yo le pedà que siguiéramos platicando, pero que me agarrara el pito, pues era tan rico el contacto de su pequeña mano. Asà charlamos un rato. Rico. Luego, una vez que PiscuilÃn dio muestras de volver a estar listo para el gozo, le pedà una mamada. ¡Ay! Qué rico lo mama esta niña. Su pelo largo, sus facciones de ángel modificándose al introducirme en su boquita, sus ojos claros de belleza singular mirándome mientras me la mamaba... ¡Ay! Pero yo querÃa corresponder y le propuse un 69, que ocurrió tras otro interludio de besos. ¡Qué enorme placer sentÃ! Candy me hizo sentir valorado, respetado, querido. Y nos procuramos placer en un 69 que duró bastante, hasta que llegó el momento de volverla a penetrar. ¡Jesús de Veracruz! Y volvà a acabar deliciosamente como si tuviera 20 años. Realmente Candy hacÃa milagro tras milagro. Terminamos cansados, pero felices (al menos yo, estaba en el Nirvana).
Me preguntó que, dado que se acababa el tiempo, si querÃa otra hora más. Yo sabia que me serÃa muy difÃcil llegar al cuarto. pero estaba tan bien con Candy, que vi si todavÃa tenÃa lana y, como me alcanzó, me emboleté para la cuarta hora. ¡Chingao, para eso trabaja uno! Al fin que me acababan de pagar una merecida lana después de una buena chingas laboral. Volvimos a lavarnos y regresamos a la cama. Como ya no tenÃamos condones, Ãbamos a pedir. Pero le dije que si podÃa terminarme con su boca y manos, pues veÃa difÃcil echarme otro palito. Ella aceptó. Me la mamó de nuevo, ¡rico rico!. Pero piscuilÃn ya mostraba signos inequÃvocos de flaqueza y Candy de fatiga. Asà que de nuevo la besé y la acomodé al lado mÃo. AsÃ, decidà hacer algo nuevo. Nada fantástico, pero algo nuevo. Un gozo estético, y al mismo tiempo sexual. Candy se recostó a mi lado y la abracé con mi brazo izquierdo. PodÃa asà sentir su piel, mirar sus maravillosos ojos y disfrutar su hermosÃsima sonrisa. Yo me jalé el pito con la mano derecha, mientas ella me acariciaba los huevos, dándoles una gentil apretadita de vez en cuando. Por momentos me besaba, por momentos me decÃa cosas lindas y tiernas. Y ¡Milagro! PiscuilÃn soltó el resto. No sé bien como llegué. Pero sà sé que el estÃmulo, el bello estimulo que me permitió lograrlo, se llama Candy Petite. Me quedé suspirando de placer, fatiga y satisfacción. Y ella me acompaño con su bella sonrisa y unos tiernos besitos. Una vez recuperados, nos bañamos, charlando siempre. Nos vestimos y nos despedimos. Al menos de mi parte, con mucho cariño.
Espero no haberlos hartado con tanto rollo, pero no pude evitarlo. ¡Lo tenÃa que decir! No es todos los dÃas que uno vive no un milagro, sino varios. Mi hermosa Candy, gracias por ser la hacedora de milagros y, sobre todo, por haberlos hecho conmigo. Candy es lo mejor que me ha ocurrido en mucho tiempo, como decÃa al empezar. Asà que, nomás se recuperen las finanzas, la volveré a ver. Es una joven mujer maravillosa. Todo lo que se ha dicho de ella, incluyendo mi rollote, se queda corto. Estar con Candy es una experiencia que hay que vivir. Y agradecer.




