Para el que no tiene amigos jajaja (General)
¿Puta o Prostituta?
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define claramente a la prostituta como aquella persona que mantiene relaciones sexuales con otras personas, a cambio de una remuneración económica; dicho llanamente, la prostitución es el sexo por dinero. La definición jurÃdica más antigua, procedente del Codex Justinianus del Bajo Imperio Romano define a una prostituta (meretrix) como una mujer que ofrece servicios sexuales públicamente (palam omnibus) por dinero (pecunia accepta) y sin distinción (sine delectu). Dicha definición de la palabra y su empleo, está vinculada a cada época y a cada cultura, lo que provoca que tanto dicha definición, como la interpretación de la misma varÃe dependiendo del tiempo y el lugar en la que se vea utilizada. Sin embargo, dentro del hermetismo y precisión puntual de ésta definición, se deja a un lado el vinculo que para explicarla, existe con el contexto y la situación bajo la cual se ve aplicada, lo cual ha provocado que esta palabra se emplee frecuentemente para definir situaciones que, por la estrecha cercanÃa que guardan con el significado intrÃnseco de dicha palabra, parecen la misma cuestión, pero que en realidad atañen a significantes en esencia, distintos.
Al hablar de que el término “prostituta†con frecuencia es usado para referirse a cuestiones que de alguna manera se relacionan pero que guardan significativas diferencias, me refiero al empleo equÃvoco de éste término en lugar del de “putaâ€.
Pareciera que esta confusión de términos carece de importancia a la hora de ser aplicados para referirse a una determinada persona, incluso algunos dirÃan (en un tono más despectivo que práctico) que se trata de la misma cosa. Sin embargo, la importancia de la diferenciación radica, no tanto en el significado de ambas, sino en la carga social e ideológica que depositan dichos términos sobre las personas a las que se refieren. Para explicar lo referente a la carga social e ideológica, bastarÃa con dar también, una definición hermética y puntual de la palabra “putaâ€, sin embargo, debido quizá a la frecuencia con la que se sustituye esta palabra por la de “prostitutaâ€, pareciera que nadie se ha interesado en textualizar con precisión dicho término, para lo cual sólo se tiene la una percepción o definición informal bastante fuera de contexto, pues conserva la visión que se tenÃa sobre el tema en la Edad Moderna temprana, cuando no se hablaba tanto “prostitución†sino de “putaÃsmoâ€, refiriéndose éste a todos los actos y comportamientos sexuales que tuvieran lugar fuera del lecho conyugal, e incluso en el lecho conyugal si el sexo tenÃa un carácter desmesurado o si tenÃa un objetivo diferente al de procrear, (en este sentido, el putaÃsmo tenÃa que ver con el libertinaje y el sexo ilÃcito y no con el hecho de que se pagara por mantener relaciones sexuales; éstos eran elementos distintos) y que de hecho incluirÃa como parte de la misma definición, la de “prostitutaâ€.
Con base en ésta única percepción y siguiendo una lÃnea fundamentalmente ideológica, diremos que "putas" son (además de las prostitutas) las amantes, las queridas, las edecanes, las modelos, las artistas, las vedettes, las exóticas, las encueratrices, las misses, las madres solteras, las fracasadas, las que metieron la pata, se fueron con el novio, y regresaron con regalo, las malcasadas, las divorciadas, las mujeres seductoras, las que andan con casados, las que son segundo frente, detalle, o movida, las roba-maridos, las que se acuestan con cualquiera, las ligeras de cascos, las mundanas, las coquetas, las rogonas, las mustias, las moscamuertas, las ligadoras, las fáciles, las ofrecidas, las insinuantes, las calientes, las cogelonas, las insaciables, las ninfómanas, las histéricas, las mujeres solas, las locas, la chingada y la puta madre; en fin, todas las mujeres lo son al evidenciar deseo erótico, cuando menos en alguna época o en circunstancias especificas de sus vidas (y quien no sea “puta†, que arroje la primera piedra…).
Quizá la manera más sencilla de esclarecer la confusión con respecto a ambos términos y, en especial a ese que parecerÃa aludir a la mayorÃa de las mujeres del planeta, es basándonos en el modo en que las prostitutas describen sus propias actividades. Y es que ellas, al no querer ser marcadas con el penoso sello de alguien que hace mucho más que el simple trabajo de vender su cuerpo, han marcado con entrañable simpleza, la mayor y talvez única (real) diferencia entre la “prostituta†y la “putaâ€: la prostituta hace su oficio por dinero y lo lleva como una profesión; la puta lo hace por placer y lo lleva como un estilo de vida.
Por supuesto, tanto el putaÃsmo como la prostitución no son únicamente cuestiones de palabras y definiciones, afirmación que queda en claro al observar la tentativa definición de “puta†descrita en primer lugar; y es precisamente debido a esto, a que no basta con meras definiciones y palabras para abarcar la totalidad y complejidad de un hecho, que surgen de pronto variantes que no pueden ser concebidas dentro del estrecho marco de una definición textual, y que quedan flotando en el vastÃsimo mundo de la semántica, a la espera de algún término caritativo que las adopte o englobe dentro de su propia definición. Cierro finalmente esta idea, siguiendo con la lÃnea de las definiciones (ya bastante explotada en este ensayo), y ya una vez aclarados los términos tanto de prostitución como de putaÃsmo, sugiriendo que se agregue un nuevo término al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española; el de PROSTIPUTA. Un término que puede aplicarse (con total exactitud) a aquellas (os) que gustan, entre otras cosas, de tirarse al jefe, al director, al profesor de entrevista en prensa, al amigo pseudo-periodista del profesor de entrevista en prensa, al mejor amigo del lame-huevos favorito del tan querido profesor, y (resumiendo) a todo aquel que, a cambio de un revitalizante acostón, se le pueda sacar algún provecho. Dicho de una manera más puntual, el término Prostiputa definirÃa a aquellas personas que mantienen relaciones sexuales a cambio de una remuneración económica o de cualquier tipo y que, además, lo hacen por placer.
No es que haga falta definirlas cuando todos sabemos quienes son, pero si a final de cuentas, todas somos “putasâ€, me resulta injusto dejar en el mismo nivel que el resto a aquellas (os) que con tanto Ãmpetu persiguen (o en su defecto, se sientan en) sus intereses. Como se dirÃa popularmente “honor a quien honor mereceâ€â€¦y seguro no serán la mayorÃa de las mujeres, pero sin duda más de una se sentirá aludida.
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