Afrodita el orgasmo es el gran comedor de palabras. (General)
Solo permite el gemido, el aullido, la expresión infrahumana, pero no la palabra (Valerie Tasso)
Al punto de la hora páctada, se oÃan. A lo lejos unos sonidos de tacon saliendo del elevador,al abrir la puerta con un abrazo la pasión es más natural, más orgánica, más explicable, no sé, mas cálida, tiene una mirada profunda alcanzas a ver su alma y ella ve la tuya. Comenzamos a besarnos en el marco de la puerta, la giré y besé su cuello, las prendas comenzaron a volar, segui besando su espalda para estar muy cerca de ese redondo trasero, con las yemas de sus dedos recorrà toda la extensión de sus piernas, desde los tobillos disfrutando toda esa carne madura, pasando por el elástico de sus medias, sentir su piel tersa y cálida, hasta levantar la falda y descubrir sus nalgas desnudas, separadas por la pequeña tira de su tanguita, era un espectáculo sin igual, acaricié las nalgas provocándole sensaciones intensas que la hicieron gemir de gusto, lami las nalgas, las bese, las amase, jale la tela de la tanga y le abri las mejillas para irme de frente metiendo su cara entre los dos carnosos músculos de lujuria, con la lengua la lleve hasta las nubes, y con sus dedos tocó, acarició y penetró la vagina deshecha en jugos mientras con mi lengua suavemente probaba los pliegues de su ano, delicado, suave, rosado, luego cambió sin resistencia el orden de su extasiante masaje, un dedo ensalivado atravesando el ano y la lengua atendiendo al clÃtoris.
Lubricó a chorros y la penetré de frente y de cucharita.
Al terminar me dio un masaje impresionante.
A pesar de su cara de inocencia esta mujer es pÃcara por dentro.
Descubrà mas de una forma de placer lo cual me lo reservo.
Aunque tengamos que separarnos, no importa, volveremos a vernos




