Feliz, desde Lesbos... (General)
Recibà un mensaje al Whats que amablemente me preguntó si daba servicio a mujeres solas…
En ese momento creà que era una broma porque en realidad son pocas las mujeres que toman servicio. Le contesté un con un mensaje de voz los pormenores a grandes rasgos y luego de escucharme me preguntó si podÃa llamarme por teléfono.
Minutos después una voz femenina estaba llamándome, me encontraba entrenando y le contesté con voz agitada en la caminadora, me dijo su nombre y comenzamos a platicar por espacio de más de una hora sus dudas y deseos sobre mi servicio.
- ¡Hagamos algo hoy! – Me pidió antes de colgar mientras yo terminaba de correr
poco después me llegó un mensaje al Whats que decÃa:
- ¿Cenamos? – y luego me mandó la ubicación de su domicilio.
- Si decides venir, te espero a las 8 p.m.
Me quedé muy sorprendida de lo fácil que fue comunicarme con ella, entonces el resto del dÃa me la pasé imaginando su fÃsico, escogiendo mi lencerÃa, pensando la ruta al lugar a donde irÃa y eso me excitó mucho.
Llegué puntual y cuando abrió la puerta me encontré frente a una mujer de piel muy blanca de aproximadamente de unos 37 años descalza, atlética en short y playera, un poco desaliñada pero guapa, de ese tipo de mujeres que se ven de más edad pero porque son de piel muy clara.
Amable me recibió como a una vieja amiga, tomamos un poco de vino tinto y platicamos largamente durante la cena sobre la vida, los viajes y los estudios que ambas tenemos. En mi interior esperaba ansiosa cómo pasarÃamos de la cena a su lecho.
Terminamos de cenar y en un momento observé sus ojos brillantes llenos de curiosidad, luego relajo aún más su postura en aquel sofá, como ofreciéndome sus pechos, bebiendo de su copa como si esperara al depredador sobre ella, me acerqué a su rostro y roce sus labios con los mÃos con suavidad, introduciendo mi lengua de a poco, mordiendo suavemente su labio inferior, como me imaginé que le gustaba. Movà mis besos a su cuello, recorriendo un terso camino hasta su oÃdo le dije:
- ¡Déjame!
Ella accedió mientras suspiraba despacio, le quité la playera con lentitud, regando besos en su pecho, le quité el resto de la ropa entre miles de caricias y como ella me dijo que se sentÃa tensa pero con mucha curiosidad, para ayudarla a sentirse más tranquila le coloqué un antifaz de esos que sirven para dormir y le pedà que se relajara, ella se comenzó a entregar entre gemidos cortos.
Como niña en la feria… yo estaba tan contenta como emocionada que pasaba mis manos por todo su cuerpo con suavidad, conociendo todo el territorio nuevo, sumergida en sus fluidos jugué en cÃrculos con mis dedos en su clÃtoris, mientras el calor también se apoderaba de mà y bebÃa… me quité las prendas tan pronto como pude, pero la deliciosa escena de verla esperando y a mi merced ameritaba paciencia y admiración.
No tardé mucho en bajar a probar su néctar, ella abrió las piernas y con sus manos abrió sus labios, hasta dejarme dominar por completo su sabor.
Un frenesà oral nos dominó, de cuando en cuando para mi placer personal observaba sus carnosos labios inflamados que desbordaban humedad. Sus hermosas nalgas, firmes danzando al mismo ritmo serpenteante de mi lengua cambiaron estrepitosamente cuando logré sacar mis juguetes del maletÃn.
Mis ojos perdidos, se fijaban en miles de detalles, el rostro del placer se apoderaba de su cara y mi parte más lasciva salió a flote al sentirla estallar como si nunca lo hubiera hecho antes… clavó sus uñas en el sofá y abrazó a su nueva amante, dejándose llevar.
Mis manos la acariciaban completa, lamia su recorrido, la besaba, jugaba con sus pechos, aquella variedad de texturas y tamaños era desquiciante, le di un par de suaves nalgadas que la hicieron remontar la excitación y volver a palpar ese rÃo que fluÃa entre sus piernas, ¡eso me encantó!
Fueron varias horas perdidas en el tiempo… nada nos faltó, ambas la pasamos increÃble, ella se quedó muy contenta, me dijo que era su primera vez con otra mujer y era algo que siempre habÃa deseado.
Para mà fue muy lindo poderle dar tanto placer, me aseguré de provocarle todos los orgasmos que fue posible y ahora que se los cuento, sigo sintiendo como si fuera super poderosa.
Besos desde Lesbos, Afrodita
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